Cali con sabor a Pacífico: Festival de Música Petronio Álvarez | Crónica


En el mes de agosto la ciudad de Cali vive la fiesta más grande de la cultura del Pacífico colombiano. Desde lo más profundo del litoral hasta las cercanías del Valle del Cauca, durante los cinco días del festival (realizado desde el año 1997), familias enteras se reúnen con un sólo objetivo: satisfacer el apetito de aquellxs que esperan cada año el tener la oportunidad de probar, en un sólo lugar, toda la magnificencia de la cocina de esta tierra.

Así, en el mismo momento en el que se entra a la Unidad Deportiva Panamericana, donde se lleva a cabo el evento, la alegría se convierte en una energía inherente a todas las personas que están ahí presentes. Las comisuras de los labios se mantienen arriba y los ojos hambrientos no paran de observar las muchas opciones que se tienen para disfrutar: deliciosos platos tradicionales, postres, bebidas, bellas artesanías y la música de marimba, cununos y tamboras que hacen al corazón golpetear el ritmo de una danza que se lleva en la sangre.

De este modo, la exaltación de los sentidos se desata en un frenesí cuando se prueba el primer trago de cualquiera de las bebidas mencionadas, muchas de ellas con efectos afrodisíacos. El “viche” es la base de la mayoría de estas bebidas típicas, y se fabrica a partir del jugo de la caña de azúcar cortada antes de su maduración, que dependiendo de la tradición, se le agregan diferentes ingredientes para darle un sabor más agradable.


Las más reconocidas son: el "arrechón", que se prepara con tres leches (condensada, descremada y en polvo), nuez moscada, clavos, canela, kola granulada, maní, chontaduro y borojó. El otro es el "tumba catre"; el cual incluye además de los condimentos antes nombrados, un bejuco que se extrae de la selva pacífica y, que según lxs ancestrxs, tiene propiedades afrodisíacas. Además de éstas, está la "toma seca", bebida que se dice es especial para limpiar los órganos que estén obstruidos, así como para el buen funcionamiento de las diferentes arterias; y el "tumba catre" que combina chontaduro, borojó, gotas amargas y otros secretos, donde su nombre lo dice todo.

De esta forma, un festival musical como el Petronio Álvarez reivindica y visibiliza las tradiciones del Pacífico colombiano, donde se escucha música en torno a comidas y bebidas artesanales, lo que termina exaltando su riqueza cultural y convidando a nacionales y turistas de puro gozo.

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